Cinco Expectativas: en el día de la Vida Consagrada

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En este día de la vida consagrada (2 de Febrero de 2015), ¿cuál es nuestra oración a Dios nuestro Abbá, por la vida consagrada? En su Carta Apostólica “Tetigos de la alegría” el Papa Francisco nos presenta unos deseos, que además de acertados pueden convertirse en nuestra oración en este día. Él los denomina “Expectativas” y se condensan en cinco palabras: alegría, despertar, comunión, mundo-periferia, creatividad-innovación.

Como premisa y trasfondo, preguntémonos:

¿preferimos una vida consagrada desconectada de este mundo, o, más bien, enviada a este mundo y deseosa de encarnarse en él, como Jesús?
En la transmisión de nuestra fe y en el testimonio ¿queremos utilizar el lenguaje del mundo cultural e intelectual de la gente de hoy o pretendemos que los demás se adecuen a nuestro lenguaje, aprendan sus claves, entren en nuestro mundo conceptual?
¿Optamos por ir contracorriente, por la denuncia y no dejar pasar una –temerosos ante cualquier invención o innovación- o nos sentimos llamados a ser comprensivos, a potenciar los impulsos renovadores de la sociedad y ofrecerles ese sentido que el Espíritu nos sigue revelando?
Cuando nos aferramos demasiado a la tradición nos volvemos irrelevantes, incapaces de transformar la cultura; creamos separaciones, nos volvemos incapaces de discernir dónde actúa el Espíritu de Dios; mostramos a un Dios-Iglesia y no a un Dios de la Vida, incluida la Iglesia[1]. Ese modelo de Iglesia –y de vida consagrada dentro de ella- no atrae a las nuevas generaciones, que quieren igualdad, compasión, autenticidad, que desean ver alternativas a las políticas vigentes hasta hoy, que se sienten apasionados por las innovaciones tecnológicas, por los descubrimientos de las ciencias, por las aventuras de la libertad.

El Papa Francisco se pregunta: ¿qué espero en particular de este año de gracia de la vida consagrada? Y responde con cinco propuestas, que yo reduciría a cuatro:

Que se haga realidad el dicho: “Allí donde están los religiosos, allí hay alegría”
Que “despertéis al mundo”
Que os mostréis como “expertos en comunión”
Que vayáis a todo el mundo, en especial a las periferias existenciales y os preguntéis qué es lo que Dios y la humanidad os piden hoy.



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